Me será difícil encontrar ventajas al modelo tradicional ya que impartirlo en el aula me supone cierta angustia por el peso que recae en el docente. Se convierte en el único experto. Es un modelo parar sus alumnos —¡menuda responsabilidad!— y,es el único que elige en el proceso.

  • Es un modelo idóneo para alumnos individualistas y muy competitivos o bien parar alumnos que se sienten cómodos en este rol pasivo que les destina este  paradigma de aprendizaje.  Conciben que su función es engullir todo lo que le proporcione el docente. Tal vez, la valoración negativa de este alumno se deba a esta visión de la educación. (Clicad aquí)
  • Puede ser un metódo adecuado para aprender algunos contenidos que requieran de un aprendizaje memorístico (p.e. moforlogía verbal…).
  • También es un modelo apto tanto para docentes magistrales y eruditos como para profesores que carezcan de seguridad, de creatividad y que teman la innovación o la incerteza en el aula, que defienden las pedagogas Maria Acaso y Elizabeth Ellsworth. (Clicad aquí)

En cambio, intento aplicar el aprendizaje por proyectos (ABP) por diferentes motivos:

  • Por la sensación de libertad que proporciona tanto para el profesorado como para el alumnado —tal como argumenta Aitor Lázpita en su última presentación o bien como reflioné sobre un curso mío. Además, requiere que el docente se convierta en un mediador entre el currículo y las expectativas y necesidades de los discentes.
  • Es un paradigma educativo más coherente  en y para sociedades democráticas.  También es más acorde a un aprendizaje natural. Si evocamos nuestra trayectoria como aprendices, recordaremos más los retos que hemos superado que no los contenidos que hemos empollado. Podeis comparar la valoración inicial con esta otra de una compañera suya. (Clicad aquí)
  • No plantea un esquema cerrado  de transmisión (presentación, práctica y prueba) sino que contempla todo un proceso en el cual el alumno es consciente de su aprendizaje. Así pues fomenta una aprendizaje significativo. También trasnforma los roles del aula. Ya hemos comentado que el profesor deja de ser un experto para convertirse en un orientador o negociador. El alumno se implica puesto que la responsabilidad de l adquisición recae sobre sus espaldas. El resultado no es cerrado sino que puede ser completamente abierto, lo que puede conseguir que tanto el profesor com el alumno aprendan de la experiencia. Me parece que puede ilustrar este argumento, la experiencia mía de aplicar las microrevoluciones que defiende Maria Acaso (clicad aquí).
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