Tras visionar el vídeo de presentación de la unidad 7, empecé apuntando nombres que me venían a la cabeza. Temí sobrecargar la red con postales y superar a Pedro Almodóvar recitando todas las fuerzas celestiales. Cuando quieres homenajear a tantas personas significativas, también te olvidas de otras. Así pues, para no cometer ninguna injusticia, decidí abusar de la nostalgia e indagar en mis orígenes. Es una de la finalidad de mi prototipo. Fijé mi recuerdo en dos personas de las cuales aprendí bastante, mis dos abuelas. Tan diferentes y antagónicas.

Mi abuelastra paterna, Neus Ribas Iglesias, fue maestra como su hermana, mi abuela. Admiraba a Maria Montesori. Durante años y años se encargó de Maternales ( de 3 a 4 años). Supongo que la responsabilizaron de este curso para conciliar su ideario con el de la escuela. Era la rara. Siempre estaba de buen humor, canturreando. No se avergonzaba de abrazarnos, acariciarnos o de darnos un beso en la mejilla cuando le mostrabas un dibujo. Le encantaba vernos agruparnos libremente por el aula, que lo había organizado por mesas. Le disgustaba cuando le obligaron a enseñarnos a leer. Se ponía nerviosa cuando comprobaba que nos trabábamos al reconocer las sílabas. Para ella era una locura. Tal vez fue una batalla perdida en el claustro que lideró su enemiga, la maestra de Parvulario. Creía que su obligación era cuidar para que el niño fuera feliz en la escuela.

Pietat Recasens Fugueres, mi abuela materna, tuvo que espabilarse desde bien pequeña. Si sabía algo de instrucción, fue porque sirvió en un colegio de monjas. Alguna le intentó enseñar algo de letra en algún descanso. No les perdonó ser la víctima de una broma humillante un frío y nevado domingo de inviernno. Se distrajeron mandándole a inútiles encargos, llevando a la espalda un saco con una pesada pieza. No les importó que fuera una cría muerta de frío. Ya hacían bastante permitiendole trabajar para ellas. Así que nos inculcó siempre que no perdiéramos la dignidad.

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De todas formas quiero extender este agradecimiento a:

Teresa Jardí Pi, Olga Esteve, Roger Schank, Alejandro Piscitelli, María Acaso, Fernando Trujillo y José María Toro por obligarme a cuestionar mi labor y plantearme retos y desafíos.

Carme Bové, Oriol Rocosa, Lourdes Subirà, Griselda Encinas, Isaac Martínez por no frenarme y Núria Vidal por obligarme a replantear las ideas.

Guida Al·lès, José Luis Castillo, David Álvarez, Josep Miquel Arroyo, Elisabet Ardenyà, Lola Urbano y Trinidad Martínez, pescados por la Red.

A mi mentora, Déborah Martín Rodríguez y a mis socios Joaquín J. Martínez, Ramón Paraíso, Toni Solano y Jose Ángel Ruiz Pérez.

A los grupos de #rEDUvolution y Gente disruptiva.

Finalmente, a compañeras y compañeros del curso y a Fernando Trujillo -repetimos!-, Diego Ojeda y Belén Rojas por alentar en todo momento. Ah, y a todo mi alumnado.

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